Buscando cómo entrar en esta página,(walter Livingston) me encontré con un raro vídeo en que el autor intenta sumar a los WALTER LIVINGSTON del mundo. Y tantito después me encuentro con un epitafio para mí, que me hizo estremecer:
"No lo sé: panameño, mexicano, francés: era hombre de la aldea global. Cualquier lugar en la Tierra era su Patria. Y, ahora, cualquier lugar en el Cielo, es el Paraíso para quien vivió paradisiacamente paa envidia nuestra."

Es verdad que hay ciudades en Centroamérica que llevan el nombre de nuestro antepasado DAVID LIVINGSTONE. He estado en Fracnia, Canadá, Estados Unidos, Argentina y muchos otros países. También es cierto que escribí un libro sobre la aldea global. desarrollando la tesis de mi maestro Marshall MacLuhan.

PERO nO NO nO es cierto que he vivido paradisiacamente.
El anónimo del epitafio, el desconocido autor de la Inscripción que se pone, o se supone puesta, sobre un sepulcro o en la lápida o lámina colocada junto al enterramiento, se equivoca.
Más bien que en el Paraíso--que según Vargas Llosa, está a la vuelta de la esquina-- estoy viviendo un infierno. Propongo: ISSSTINFIERNO.
Vea usted mismo, no más: Me cambiaron una "l" por una "m" a mi registro de inscripción en el Instituto para apapachar a los trabajadores que sirven al gobierno. Desde 1980 era DEAL, pues ahora es DEAM. Me dijeron es que su primer nombre es de mula, de Manuel.!!!
Antes era el de Livingston, como se prueba con el vídeo al que me referí.

Y con ese cambio, los administradores del ISSSTE, de la noche a la mañana me privaron de: atención médica, medicinas, clínica familiar. Amanecí sin protección alguna para mi precaria salud. Fui a la clínica de Temixco, donde me dijeron que de ahora en adelante pertenecería a partir del día en que reciba mi credencial de pensionado o, como dice mi bLogo: PENDISISSSTIONADO, apendejado, cuestionado.... Llego pues al lugar en un jardincito humilde y lo encuentro lleno de gente amable, sonriente y preocupada. Me dicen: la médica y la enfermera se pasan horas platicando adentro del consultorio y todavía no reciben pacientes. Están impacientes.
Y tras dos ciudadanos, me toca el turno. Me encuentro con una médica amable, nerviosa, gentil. Muy disntinta a otra que el Dr. Aguirre Lazcano, cuando fue Director General Médico, suspendió y sacó, precisamente, de este módulo de Temixco. 
No solamente a la doctora, sino a su compañera enfermera.
Una paciente que llegó con sus hijos hace unos 13 años al lugar, por problemas respiratorios, las acusó de tener el consultorio lleno de humo de los cigarros que fumaban ambas uno tras otro.
A Jorge le pareció que era impropio y las suspendió.
Evoco ese raro hecho porque entonces fui trasladado a la Clínica Familiar de las calles de Humboldt en Cuernavaca, en virtud de que por un lapso de nublados tiempos la clínica se quedó acéfala.
Pues ahora, en el ocaso de mi vida, regreso a este puesto periférico de medicina familiar y me da gusto porque está a dos cuadras de la casa de la institutriz de mi hijito de once años de edad. Mañana, por cierto, junto con mi hijita Alice, estará en el homenaje que la escuela de Tom rinden a las madres.
Bien merecido sin duda para ambas, excelentes madres (¡felicidades a todos esos seres extraordinarios!)
Pero, sigo, con las infernales aventuras alrededor de la institución. Decía que me trataron esas damas dedicadas a la salud de modo cortés y agradable. Me extendieron una receta para llevar a mi previa clínica. Los medicamentos los requería con urgencia, pues se me habían agotado las provisiones entregadas antes.
Me encuentro con un joven alto y delgado que tras el ventanal de la farmacia me indica que la principal medicina para contener, encapsular, al cáncer, no la tienen. Le pido que me facilite el original para sacarle fotocopia y en ella ponga que no me la dieron para regresar a la clínica y me manden, esta vez, a la farmacia mejor surtida que es la del Hospital Centenario de la Revolución de Emiliano Zapata.
Se niega rotundamente y, entonces, me quita la dotación de las otras medicinas que ya me había entregado.
Voy de oficina en oficina para buscar una solución a este problema y tras gestiones varias y negativas por cada administrador de la clínica Humboldt, horas después por fin me sellan una copia y me mandan al Hospital. Ya no pude llegar. Pero lo intentaré mañana, a ver si funciona ese raro procedimiento.
Por lo pronto, ¡el cáncer avanza!
Me duele el estómago. Por supuesto carezco de medicina. Me duele la cabeza, me trago un paracetamol que me dieron en Temixco para el resfriado que traje de Acapulco...
¿Este es el paradisíaco way of living de Livingston?
Ojalá y me lea el epigrafista.
www.youtube.com/watch?v=OCt4x7YnW5o
o Compartir
26/03/2013 - Subido por sporty4211
walter livingston philadelphia walt livingston amtrak walter livingston amtrak walter livingston walt livingston.
"No lo sé: panameño, mexicano, francés: era hombre de la aldea global. Cualquier lugar en la Tierra era su Patria. Y, ahora, cualquier lugar en el Cielo, es el Paraíso para quien vivió paradisiacamente paa envidia nuestra."

Es verdad que hay ciudades en Centroamérica que llevan el nombre de nuestro antepasado DAVID LIVINGSTONE. He estado en Fracnia, Canadá, Estados Unidos, Argentina y muchos otros países. También es cierto que escribí un libro sobre la aldea global. desarrollando la tesis de mi maestro Marshall MacLuhan.

PERO nO NO nO es cierto que he vivido paradisiacamente.
El anónimo del epitafio, el desconocido autor de la Inscripción que se pone, o se supone puesta, sobre un sepulcro o en la lápida o lámina colocada junto al enterramiento, se equivoca.
Más bien que en el Paraíso--que según Vargas Llosa, está a la vuelta de la esquina-- estoy viviendo un infierno. Propongo: ISSSTINFIERNO.

Vea usted mismo, no más: Me cambiaron una "l" por una "m" a mi registro de inscripción en el Instituto para apapachar a los trabajadores que sirven al gobierno. Desde 1980 era DEAL, pues ahora es DEAM. Me dijeron es que su primer nombre es de mula, de Manuel.!!!
Antes era el de Livingston, como se prueba con el vídeo al que me referí.

Y con ese cambio, los administradores del ISSSTE, de la noche a la mañana me privaron de: atención médica, medicinas, clínica familiar. Amanecí sin protección alguna para mi precaria salud. Fui a la clínica de Temixco, donde me dijeron que de ahora en adelante pertenecería a partir del día en que reciba mi credencial de pensionado o, como dice mi bLogo: PENDISISSSTIONADO, apendejado, cuestionado.... Llego pues al lugar en un jardincito humilde y lo encuentro lleno de gente amable, sonriente y preocupada. Me dicen: la médica y la enfermera se pasan horas platicando adentro del consultorio y todavía no reciben pacientes. Están impacientes.
Y tras dos ciudadanos, me toca el turno. Me encuentro con una médica amable, nerviosa, gentil. Muy disntinta a otra que el Dr. Aguirre Lazcano, cuando fue Director General Médico, suspendió y sacó, precisamente, de este módulo de Temixco. 
No solamente a la doctora, sino a su compañera enfermera.
Una paciente que llegó con sus hijos hace unos 13 años al lugar, por problemas respiratorios, las acusó de tener el consultorio lleno de humo de los cigarros que fumaban ambas uno tras otro.
A Jorge le pareció que era impropio y las suspendió.
Evoco ese raro hecho porque entonces fui trasladado a la Clínica Familiar de las calles de Humboldt en Cuernavaca, en virtud de que por un lapso de nublados tiempos la clínica se quedó acéfala.
Pues ahora, en el ocaso de mi vida, regreso a este puesto periférico de medicina familiar y me da gusto porque está a dos cuadras de la casa de la institutriz de mi hijito de once años de edad. Mañana, por cierto, junto con mi hijita Alice, estará en el homenaje que la escuela de Tom rinden a las madres.

Bien merecido sin duda para ambas, excelentes madres (¡felicidades a todos esos seres extraordinarios!)
Pero, sigo, con las infernales aventuras alrededor de la institución. Decía que me trataron esas damas dedicadas a la salud de modo cortés y agradable. Me extendieron una receta para llevar a mi previa clínica. Los medicamentos los requería con urgencia, pues se me habían agotado las provisiones entregadas antes.

Me encuentro con un joven alto y delgado que tras el ventanal de la farmacia me indica que la principal medicina para contener, encapsular, al cáncer, no la tienen. Le pido que me facilite el original para sacarle fotocopia y en ella ponga que no me la dieron para regresar a la clínica y me manden, esta vez, a la farmacia mejor surtida que es la del Hospital Centenario de la Revolución de Emiliano Zapata.
Se niega rotundamente y, entonces, me quita la dotación de las otras medicinas que ya me había entregado.

Voy de oficina en oficina para buscar una solución a este problema y tras gestiones varias y negativas por cada administrador de la clínica Humboldt, horas después por fin me sellan una copia y me mandan al Hospital. Ya no pude llegar. Pero lo intentaré mañana, a ver si funciona ese raro procedimiento.
Por lo pronto, ¡el cáncer avanza!

Me duele el estómago. Por supuesto carezco de medicina. Me duele la cabeza, me trago un paracetamol que me dieron en Temixco para el resfriado que traje de Acapulco...
¿Este es el paradisíaco way of living de Livingston?
Ojalá y me lea el epigrafista.

No hay comentarios:
Publicar un comentario