Ahora resulta que el malo soy yo!
Para desanimarme en mis tarea de denuncias he recibido toda clase de mensajes.
Unos me dicen que soy ave de mal agüero y que todo lo veo con un lente oscuro que no me permite ver la claridad....

--¡Calridad? Quiero luz, más luz. ay, no veo nada...
"La realidad debe verla y no deformarla en sus infames blogs!!!"
¿Cuál?
-- La de los buenos servidores públicos.
.---Ah!!, sí es cierto. Claro que los hay

Hay humanistas, artistas, caballeros amables, corteses que a lo mejor deberían estar en la Diplomacia.
Hay un consumado pintor que con sus cuadros alegra lúgubres y tenebrosos cubículos del viejo edificio del ISSSTE que no se cae porque no tiembla.(ver abajo)*

Hay un gentil jefe de relaciones públicas que siempre que paso por su departamento, con una sonrisa en los labios me grita:
---¡Cómo! ¿No me saluda? La mayoría se esconde para que usted no los vea. Y yo aquí, con los brazos abiertos y ni siquiera viene a darme la mano.

Otra niña de esplendorosa belleza me deja confundido con la forma en que a nombre del señor Delegado pide que me atiendan y suplan la grosera intervención del galeno Amaro de Temixco que me mandó a freir bolas en sartén de palo. Se negó rotundamente a darme medicina.
---Usted no se medicará hasta que dentro de un mes le hayan entregado el análisis bucofaríngeo. Cuando yo sepa que bacterias, virus, bacilos (o vaciladas) tiene, entonces podré recetarle.
Mientras, sufro agudo dolor de garganta, moco tendido, tengo fiebres y malestares propios de lo que calificó el mismo malhumorado médico como bronconeumonía.
Gracias a la guapa y encantadora servidora pública llegué con un Dr. Bello --en la clínica de Humboldt-- que resultó una bellísima persona. Me recetó lo indicado para mis problemas faríngeos y me contó no acerca de Hipócrates--porque no lo enseñan en la facultad-- pero sí de los primeros investigadores mexicanos que, en la Colonia,
se robaban los cadáveres del cementerio y se ponía a investigar los músculos, el sistema óseo, el nervioso, en fin, hurgaban en el cuerpo extraído de la tumba por cuantos órganos hay para encontrar los ligamentos, las neuronas, los cartígalos y, en fin, todo lo que le permitiói al infeliz desenterrado deambular por esas calles de Dios.

El Dr. Bello me dio medicinas, diagnosticó cuanta dolencia le expuse y me trató más que amablemente: con dignidad y simpatía.
Hay un joven de los que suelen llamar juniors y que está al frente de FOVISSSTE, porque su padre es un reconocido político, amigo del Delegado Del Valle y quIen ocupa el lugar de una servidora pública, Campos Taracena, expulsada por la nueva administración. Me ha pedido que le espere sin exasperarme hasta el viernes para darme su veredicto sobre la situación del cuarto de millón de pesos desapareciditos de mi cuenta de ahorros del ISSSTE.
Su manera de abordar los problemas enorgullecerían a su progenitor. Y ya quisieran muchos que sus Jr. fueran tan formales, elocuentes y carismáticos como es este fino ejemplar de la nueva generación de políticos.
En fin, claro que hay doctores generosos, bien educados y de sensibilidad sutil que atienden con humanismo a los pensionados, tales como los servidores públicos la química Verónica, Mora, Serrano, Quiñones, Amezcua que le quitan el mal sabor que dejan quienes a regañadientes están fungiendo como empleados públicos para atender la salud de los trabajadores al servicio del Estado.
Hay, pues, una lista de gratos verdaderos médicos que ya quisiera un infeliz tener a cualquiera de ellos de cabecera, o sentado a la mesa de su casa y que constituyen los bien nacidos para servir a la sociedad y para brindar amistad al paciente.
Para desanimarme en mis tarea de denuncias he recibido toda clase de mensajes.
Unos me dicen que soy ave de mal agüero y que todo lo veo con un lente oscuro que no me permite ver la claridad....

--¡Calridad? Quiero luz, más luz. ay, no veo nada...
"La realidad debe verla y no deformarla en sus infames blogs!!!"
¿Cuál?
-- La de los buenos servidores públicos.
.---Ah!!, sí es cierto. Claro que los hay

Hay humanistas, artistas, caballeros amables, corteses que a lo mejor deberían estar en la Diplomacia.
Hay un consumado pintor que con sus cuadros alegra lúgubres y tenebrosos cubículos del viejo edificio del ISSSTE que no se cae porque no tiembla.(ver abajo)*

Hay un gentil jefe de relaciones públicas que siempre que paso por su departamento, con una sonrisa en los labios me grita:

---¡Cómo! ¿No me saluda? La mayoría se esconde para que usted no los vea. Y yo aquí, con los brazos abiertos y ni siquiera viene a darme la mano.

Otra niña de esplendorosa belleza me deja confundido con la forma en que a nombre del señor Delegado pide que me atiendan y suplan la grosera intervención del galeno Amaro de Temixco que me mandó a freir bolas en sartén de palo. Se negó rotundamente a darme medicina.
---Usted no se medicará hasta que dentro de un mes le hayan entregado el análisis bucofaríngeo. Cuando yo sepa que bacterias, virus, bacilos (o vaciladas) tiene, entonces podré recetarle.
Mientras, sufro agudo dolor de garganta, moco tendido, tengo fiebres y malestares propios de lo que calificó el mismo malhumorado médico como bronconeumonía.
Gracias a la guapa y encantadora servidora pública llegué con un Dr. Bello --en la clínica de Humboldt-- que resultó una bellísima persona. Me recetó lo indicado para mis problemas faríngeos y me contó no acerca de Hipócrates--porque no lo enseñan en la facultad-- pero sí de los primeros investigadores mexicanos que, en la Colonia,
se robaban los cadáveres del cementerio y se ponía a investigar los músculos, el sistema óseo, el nervioso, en fin, hurgaban en el cuerpo extraído de la tumba por cuantos órganos hay para encontrar los ligamentos, las neuronas, los cartígalos y, en fin, todo lo que le permitiói al infeliz desenterrado deambular por esas calles de Dios.

El Dr. Bello me dio medicinas, diagnosticó cuanta dolencia le expuse y me trató más que amablemente: con dignidad y simpatía.
Hay un joven de los que suelen llamar juniors y que está al frente de FOVISSSTE, porque su padre es un reconocido político, amigo del Delegado Del Valle y quIen ocupa el lugar de una servidora pública, Campos Taracena, expulsada por la nueva administración. Me ha pedido que le espere sin exasperarme hasta el viernes para darme su veredicto sobre la situación del cuarto de millón de pesos desapareciditos de mi cuenta de ahorros del ISSSTE.
Su manera de abordar los problemas enorgullecerían a su progenitor. Y ya quisieran muchos que sus Jr. fueran tan formales, elocuentes y carismáticos como es este fino ejemplar de la nueva generación de políticos.
En fin, claro que hay doctores generosos, bien educados y de sensibilidad sutil que atienden con humanismo a los pensionados, tales como los servidores públicos la química Verónica, Mora, Serrano, Quiñones, Amezcua que le quitan el mal sabor que dejan quienes a regañadientes están fungiendo como empleados públicos para atender la salud de los trabajadores al servicio del Estado.
Hay, pues, una lista de gratos verdaderos médicos que ya quisiera un infeliz tener a cualquiera de ellos de cabecera, o sentado a la mesa de su casa y que constituyen los bien nacidos para servir a la sociedad y para brindar amistad al paciente.
Los de la liste negra aparecen entre los issstéricos no para que la denuncia les cause inquietud sino para coadyuvar con los directivos que actúan de buena fe a que limpien la casa de cristal que debiera ser el Instituto.













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