Ayer tuve el privilegio de visitar en su oficina al Dr. MARCO MORA.
Este galeno es galante, amable, cortés a la altura del arte diplomático. Fino y suave.

Si mis adjetivos parecen abrumadores o exagerados, juzgue:

Actuando como ombudsman del ISSSTE, mientras yo esperaba que me atendiera hizo no menos de una decena de llamadas con gente clave de la Unidad Familiar Humboldt.

Abogaba por una persona que es bióloga marina y trabaja en Guerrero. La mandan para ser atendida como foránea en Morelos, en el Hospital de Alta Especialidad en Zapata.

No ceso de afinar loas dudas y puntos recomendables de modo breve, conciso y rápido y finalmente habló a la paciente para comunicarle que al día siguiente iba a ser atendida, recomendándole la manera de actuar en la clínica.

Él no la conoce pero fue una de sus múltiples tareas como componedor, restaurador y diplomático de la institución, para limar asperezas entre el cuerpo médico y administrativo y los derechohabientes.

Invitado a comer porque había transcurrido el tiempo dedicado para alimentos en las oficinas, no aceptó hasta que le tratara mis asuntos. Mientras nombraba yo médicos, apuntaba, hacía llamados a los referidos y me citaba referentes. En otros términos, hizo una programación para atender un asunto trascendente para mí vinculado a algo más que calidad de vida: a la posibilidad de recuperar el ojo derecho afectado por una parálisis facial que me impide estudiar, investigar y cumplir con mis propósitos profesionales.

Finalmente, nos fuimos a la Casa de Piedra. Ahí, entre el jardín y la palapa, la fuente, la música de los rollng stones, el Dr. Mora me habló de Carlos Monsivais ( a quien una vez entrevistó en su enorme gatobiblioteca, en la vieja casona de la Portales); me habló también de Jaime Sabines y de cómo lo conoció en Chiapas de Corzo, mientras Marcos hacía su servicio médico dedicado a la comunidad. En menos de un par de minutos citó personajes de la cultura nacional con quienes tuvo la oportunidad de intercambiar ideas con ellos.
Ahora bien, podría contrastar esta figura paradigmática con la de un verdadero mequetrefe que tiene en sus manos la salud de gente noble, vecinos de mi inseparable Lupita, allá en la Colonia Rubén Jaramillo. Allí está ubicado el módulo periférico de la Unidad Familiar de Temixco del ISSSTE.
En este lugar han ocurrido verdaderas catástrofes homéricas médicas. Olvidemos los precpetos hipocráticos. Sin fijarnos, tampoco, en los Derechos Humanos, allí han habido un par de médicas que arrojaban máshumo con sendos cigarrillos que las fumarolas del Popo. Fuman aún más que un chacoaco. Y así atendían a niños enfermos de bronquitis y a otros delicados pacientes.
PROPUESTA POSITIVA: Yo considero que si antes el Dr. Jorge AGUIRRE Lazcano
No se le debe mantener gratis a este ingrato que a lo mejor ni pasó por el sendero correcto los cursos de la Universidad (porque para mi adversidad, ni me quiso dar medicamenteos, ni supo diagnosticar el mal que me aquejaba, ni supo como tratar decentemente a un hombre vedadero de la TERCERA EDAD). además, docenas de vecinos atestiguan:No llega a sus horas. No llega por semanas y pone a la "fumarola" a cubrir su turno--como si fuese alcahueta-- y hasta pone a la empleada dedicada a limpieza

Este galeno es galante, amable, cortés a la altura del arte diplomático. Fino y suave.

Si mis adjetivos parecen abrumadores o exagerados, juzgue:

Actuando como ombudsman del ISSSTE, mientras yo esperaba que me atendiera hizo no menos de una decena de llamadas con gente clave de la Unidad Familiar Humboldt.

Abogaba por una persona que es bióloga marina y trabaja en Guerrero. La mandan para ser atendida como foránea en Morelos, en el Hospital de Alta Especialidad en Zapata.

No ceso de afinar loas dudas y puntos recomendables de modo breve, conciso y rápido y finalmente habló a la paciente para comunicarle que al día siguiente iba a ser atendida, recomendándole la manera de actuar en la clínica.

Él no la conoce pero fue una de sus múltiples tareas como componedor, restaurador y diplomático de la institución, para limar asperezas entre el cuerpo médico y administrativo y los derechohabientes.
Invitado a comer porque había transcurrido el tiempo dedicado para alimentos en las oficinas, no aceptó hasta que le tratara mis asuntos. Mientras nombraba yo médicos, apuntaba, hacía llamados a los referidos y me citaba referentes. En otros términos, hizo una programación para atender un asunto trascendente para mí vinculado a algo más que calidad de vida: a la posibilidad de recuperar el ojo derecho afectado por una parálisis facial que me impide estudiar, investigar y cumplir con mis propósitos profesionales.

Si él no contribuyera con su visión humanística a que se me de la oportunidad de curarme de un mal que afecta mi vida misma, entonces estaría yo prácticamente desahuciado.
Finalmente, nos fuimos a la Casa de Piedra. Ahí, entre el jardín y la palapa, la fuente, la música de los rollng stones, el Dr. Mora me habló de Carlos Monsivais ( a quien una vez entrevistó en su enorme gatobiblioteca, en la vieja casona de la Portales); me habló también de Jaime Sabines y de cómo lo conoció en Chiapas de Corzo, mientras Marcos hacía su servicio médico dedicado a la comunidad. En menos de un par de minutos citó personajes de la cultura nacional con quienes tuvo la oportunidad de intercambiar ideas con ellos.
Ahora bien, podría contrastar esta figura paradigmática con la de un verdadero mequetrefe que tiene en sus manos la salud de gente noble, vecinos de mi inseparable Lupita, allá en la Colonia Rubén Jaramillo. Allí está ubicado el módulo periférico de la Unidad Familiar de Temixco del ISSSTE.
En este lugar han ocurrido verdaderas catástrofes homéricas médicas. Olvidemos los precpetos hipocráticos. Sin fijarnos, tampoco, en los Derechos Humanos, allí han habido un par de médicas que arrojaban máshumo con sendos cigarrillos que las fumarolas del Popo. Fuman aún más que un chacoaco. Y así atendían a niños enfermos de bronquitis y a otros delicados pacientes.
Allí sigue una de ellas. La otra, una enfermera enferma, desapareció en un hospital, temporalmente. ¡Qué se alivie!
Ahora, un Dr. Amaro es el terror de los hijos predilectos de ese luchador social que fue Rubén Jaramillo. En un parque infestado de basura, bolsas enormes de desperdicios, por donde pasa un canalito de agua y se pretendió hacer un jardín, al lado de una unidad de salud pública, está la UEF Temixco y al frente el Dr. AMARO
se amarra los pantalones (porque ni a bata de médico llega), y al estilo macho, con botas, baqueros y camisitas de charro cuatrero, ofende, maltrata y trata como negros esclavos a los pacientes,
se amarra los pantalones (porque ni a bata de médico llega), y al estilo macho, con botas, baqueros y camisitas de charro cuatrero, ofende, maltrata y trata como negros esclavos a los pacientes,
Estos se están impacientando y no tardarán en rebelarse de este inicuo trato.










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